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miércoles, 2 de enero de 2013

Mamá caca

"Mamáááaaaaaaa ya hice caca". ¿Pero qué necesidad tengo yo de esto?. "Mira mamáááaaaa, un moco" "Mamáááaaaaa me he meado enciiiiiiiima". Me han vomitado en la cara, en el pelo, en toda la ropa, en los zapatos. En mi casa, en la calle y conduciendo. He fregoteado vómitos a cualquier hora de la noche en cualquier sitio de la casa. He perseguido cacas y buscado como si fuera el tesoro del pirata. Huele por aquí, huele por allá. Armada con las santas toallitas para después atacar con la fregona y el cubo. He rebuscado lombrices en caca de pañales y limpiado mocos de casi todas las superficies, incluido mi pelo. Me han meado encima y en los pies, y en las camas, las suyas y la mía, el sofá y las alfombras, las sillas de la cocina y los sitios más inoportunos, cómo no, en el coche, en el mío y en el de otros. También en mi pelo. ¿Pero qué necesidad tengo yo de esto?. Además de poner cara de normalidad, o cómo si me gustara. "No pasa nada chicos, mamá friega-limpia-recoge-lava". Sonrisota de me siento realizada. Quitar ropa vomitada-cagada-meada, duchar rápidamente, cambiar la ropa del individuo, vestir de nuevo la cama, decir que no pasa nada, dormir, fregar el suelo. Todo en semipelotas porque llegaste justo en el momento oportuno para que te cayera encima. Y son las 2 de la mañana. Currar al día siguiente como si fueras una persona normal, fina y delicada, que como todas las chicas, ni suda ni hace popó y siempre tiene las manos limpias. Aquí estoy. Con la fregona. Ya voy. Numeraros los que esteis sucios.